El 20 de mayo de 1851, un marinero de La Vegueta construyó un reloj de sol para la iglesia de San Roque. Las iniciales y el apellido del autor, F.R. Fernández, permanecen grabadas sobre el instrumento que fue construido con una madera noble (probablemente de tea) y pintado de blanco. Siglo y medio después sigue rozando el cielo sobre la fachada principal del templo mayor de Tinajo.
“Ha consumido usted más de dos clepsidras”. Raro sería que hoy el presidente del Congreso de los Diputados sugiriese brevedad a un parlamentario en estos términos. Pero en la Tribuna romana, cuando no existía más forma de medir el tiempo que el cielo y otros elementos naturales, se usaba un mecanismo formado por vasos de agua: la clepsidra, o reloj de agua.
En Lanzarote, igual que en otras partes de España, primero fueron los relojes de sol, luego los de torre (que ya conocían cuando llegaron los conquistadores) y finalmente los 'relojes de cebolla', o de bolsillo, muy caros para el campesino o trabajador medio, y sólo al alcance de la clase aburguesada.